POR UNA ECONOMÍA CIRCULAR

“… y en compost te convertirás”

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En las últimas semanas una noticia sobre compostaje se ha asomado a la mayoría de medios de comunicación del mundo. La noticia en cuestión ha sido la iniciativa legislativa presentada en el Estado de Washington por el senador Jamie Pedersen por medio de la cual, de aprobarse, se legalizará la elaboración de compost con restos humanos.

 
Según el senador Pedersen la iniciativa ha sido muy bien acogida a nivel social y en declaraciones a la NBC ha comentado que: “ Ciudadanos de todo el estado me escribieron para decirme que están muy entusiasmados con la posibilidad de convertirse en un árbol o de tener una alternativa [al ataúd] para ellos mismos”.

 
Esta idea lanzada bajo el slogan “Becoming a tree” (“conviértete en árbol”) es un proyecto empresarial concebido por Katrina Spade, experta en finanzas, gestión de proyectos y master en arquitectura, fundadora en 2014 del “Urban death Project” (Proyecto de muerte urbana) para denunciar las emisiones tóxicas y contaminantes de la actual industria funeraria y que posteriormente patentó el proceso de convertir cadáveres humanos en compost y que ofrece a través de su nueva empresa “Recompose” (www.recompose.life).

 

 

Esta alternativa a los entierros tradicionales y cremaciones denominada por su creadora como “recomposición” y definido como: “un proceso suave que permite convertir los restos humanos en suelo y con el cual podremos nutrir nueva vida después de morir”.

 

El sistema de elaboración del compost humano es muy similar al tradicional: los restos humanos envueltos en tela y sin embalsamar se depositan en una cámara de compostaje junto con material orgánico como paja o astillas de madera. El aire acelerará la acción de microbios y bacterias que en un mes, aproximadamente, reducirán el cadáver a 0,7 metros cúbicos de abono que se entrega a las familias para su uso en jardines, macetas, etc.

 

La iniciativa legislativa ya fue presentada en 2017 aunque entonces fue rechazada por las dudas que albergaba el proceso y la falta de seguridad de que el compost humano pudiese propagar elementos patógenos dañinos para la salud pública. Estos obstáculos han desaparecido tras la intervención de la investigadora Lynne Carpenter-Boggs, profesora asociada de agricultura sostenible y orgánica en el estado de Washington. Esta profesora ha realizado un exhaustivo estudio con cadáveres donados y
ha concluido que el compost humano es absolutamente inocuo para los vivos y está exento de transmitir cualquier patógeno tóxico.

 
La nueva ley también ha sido defendida por el senador como un proyecto de economía social ya que abaratará sensiblemente las actuales funerales.

 

Con la propuesta de “recomposición” asistimos a una singular sofisticación de la economía circular y sostenible. Como suele ocurrir, es previsible que si esta práctica se populariza en Estados Unidos pronto se expanda a todo el mundo. Por tanto, no es descartable que en un inmediato futuro nos encontremos en nuestras carreteras o ciudades con vallas publicitarias que nos inviten a convertirnos en arboles o con cartelitos en jardines y espacios naturales que digan: “Este rosal, este emparrado o este arbusto han sido abonados con fertilizante natural de don menganito o doña zutanita”.

 

El futuro, aunque parezca increíble, va por ahí y la cita bíblica “Polvo eres… habrá que finalizarla con “… y en compost te convertirás”.

 

 

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